En el proceso de recuperación de materias primas que realizamos en NH no solo nos concentramos en los aceros. Hay muchos otros materiales que son fundamentales, tal es el caso del aluminio. En dos entregas les vamos a explicar muchos detalles respecto de esta tarea.

El reciclado del aluminio es un proceso complejo, en el que intervienen diversos factores. Tanto sus canales de recuperación como sus aplicaciones y mercados presentan múltiples posibilidades. El papel de los centros de reciclados de vehículos como proveedor de este metal a los “recuperadores” se convierte en fundamental ya que se encuentra al inicio del “ciclo” y colabora en forma decisiva para darle el mejor uso posible a un material que puede ser reciclado prácticamente en un 100%.

El aluminio usado llega principalmente por dos canales: de los desechos del consumo ya sea doméstico o industrial y de los recortes y virutas que se producen durante la fabricación de productos de aluminio. La industria clasifica al aluminio en primario, cuando se extrae de su mineral, la bauxita, y de segunda fusión, cuando su materia prima básica son las chatarras y recortes de aluminio provenientes de aluminio ya usado y de recortes de fabricación.

El papel del recuperador

Una vez que llega el aluminio usado al recuperador, éste se encarga de darle la preparación óptima para su comercialización. En el caso de los mayoristas, por ejemplo, tratan de estandarizar la calidad del material para el cumplimiento de las normas nacionales e internacionales que existen en el sector. Es importante una buena clasificación del aluminio, para poder darle la mejor calidad posible.

La chatarra suele ser prensada, ya que de esta forma el transporte resulta mucho más fácil. Tras estos necesarios procesos, se lleva el material a una fundición, que puede darle el mismo uso de origen, o usarlo para fabricar otros objetos. Después el fundidor o refinador lo convierte, mediante fusión, en lingotes, tochos, productos de desoxidación etc. Hay muchos tipos de aluminio recuperado, y cada calidad puede tener salidas diferentes. Según la pureza del material, éste será utilizado para una aplicación u otra. Dentro de los productos laminados, nos podemos encontrar, por ejemplo, con las latas de gaseosas o cervezas, que se pueden usar para fabricar aluminio refinado para volver a hacer esas mismas latas si son nuevos o han sido muy bien clasificados a su llegada al recuperador.

El aluminio de chapas litográficas y cables eléctricos, es un aluminio muy puro por lo que su aplicación en el reciclado es bastante amplia, utilizándose para la fabricación de aleaciones de alta pureza o, mediante mezcla, para reducir los porcentajes de aleantes presentes en otras chatarras recuperadas. Dada la versatilidad de utilización de estos materiales de alta pureza, su precio es el más caro del mercado de la recuperación.

El aluminio “cárter” procedente de llantas de coches, tapas de cilindros, blocks o cárteres de motor, piezas de fundición, etc., se destina a la fabricación de lingotes con destino a ser fundidos y moldeados, siendo el porcentaje más alto de los lingotes que se producen por las plantas de segunda fusión, aproximadamente un 70% del total de su producción.

El papel del refinador

Las refinerías de aluminio son el último eslabón de la cadena de reciclaje de este material. Al ingreso del material a la refinería de aluminio se realizan análisis generales de la materia prima para verificar sus características tomando muestras de cada camión para evitar introducir en el horno sustancias no indicadas para el proceso de producción de la refinería. En estas instalaciones, si funden latas de envases de aluminio, por ejemplo, o cualquier otra chatarra con revestimiento, se produce la combustión de los mismos, siendo captados los productos de la combustión mediante unos filtros especiales por los que pasan los humos y así evitar la contaminación atmosférica. Para fundir este tipo de material se necesitan hornos especiales provistos de instalaciones de filtraje, que normalmente son más costosas que el propio horno. El producto final de las refinerías son los lingotes de aluminio, de medidas y aleación según la demanda del cliente. La recuperación del aluminio es fundamental para el medioambiente ya que la demanda de este maleable material está en franco crecimiento por su liviandad y resistencia. La industria automotriz en su afán de reducir consumo de combustible está construyendo vehículos con carrocerías y motores íntegramente de aluminio. Junto a los plásticos y materiales compuestos se han convertido en los materiales del presente y del futuro.